Mostrando entradas con la etiqueta Antiimperialismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Antiimperialismo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 7 de enero de 2026

¿Cuáles eran las causas y móviles que yacían detrás de la revolución iraní de 1979?; Partido del Trabajo de Irán, 1985

Manifestantes anti-sha corren en la plaza Esfand después de que el ejército abrió fuego en Teherán - 27 de diciembre de 1978

«La revolución de 1979 fue el acontecimiento histórico más importante de nuestro país que acabó con el dominio de 2.500 años de Monarquía y la hegemonía del imperialismo sobre Irán. Esta grandiosa revolución se llevó a cabo como resultado de las implacables luchas y valor sin precedentes de millones de personas con la clase obrera a la cabeza, y a lo largo de un año de heroica lucha que se ganó la admiración y apoyo de los pueblos del mundo entero.

¿Cuales eran las causas y móviles que yacían detrás de la revolución iraní de 1979?

Sin lugar a dudas, no puede aceptarse el Islam como la causa de la revolución como lo reclama Jomeini (1).

Aunque el movimiento tuvo apariencias religiosas, el pueblo no hizo la revolución por el Islam. Las contradicciones objetivas de la sociedad fueron las causas principales de la revolución. Nuestra sociedad estaba sufriendo de dos contradicciones fundamentales y eran estas las principales causas de la opresión en Irán. Estas eran:

a) Residuos de feudalismo y atraso.

b) El imperialismo y el capitalismo dependiente.

Aunque Irán había comenzado el camino capitalista hacía ya tiempo, sin embargo nunca consiguió librarse de todas las viejas y corrompidas relaciones sociales.

La revolución democrática de 1906 (2) y los movimientos posteriores fueron todos ellos intentos para acabar con estas relaciones pero ninguno de ellos consiguió su objetivo. La reforma agraria del Sha, que tuvo lugar siguiendo las órdenes del Gobierno norteamericano –el Gobierno de Kennedy– en 1962 con el fin de reducir las contradicciones sociales, no acabó con el problema agrario en Irán y la tierra permaneció como una de las demandas más importantes de los campesinos. La política agrícola del Sha y la política de hacerse más y más dependiente del imperialismo, empobreció aún más a los campesinos, obligándoles a emigrar las ciudades. En un corto período de tiempo, la proporción de población rural en comparación con la población urbana descendió a un 55 por 100 en 1977 en comparación con un 85 por 100 en 1963. Una serie de aldeas se arruinaron completamente y sus habitantes marcharon a las ciudades en busca de empleo. De otro lado y como resultado del saqueo imperialista, la pobreza de las masas trabajadoras, especialmente la clase obrera, aumentó aún más. 

Nuestros recursos naturales, especialmente el petróleo, la minería y la pesca fueron ferozmente saqueados y las ganancias del país entregadas a los EE.UU. en concepto de pago por la entrega de armamento o saqueado por la llamada «familia de los mil» –familiares y asociados a la familia real–. 

Señalaremos como datos recogidos de cifras oficiales:

1. Los contratos militares entre Irán y EE.UU. realizados directamente con el Ministerio de Defensa estadounidense en el transcurso de once años (1968-79) ascendieron a 23 billones de dólares –debe tomarse en cuenta que se establecieron otros contratos militares con Gran Bretaña, Francia, la URSS, Italia, creando así la «colonización colectiva» de Irán–.

2. Según cifras facilitadas por funcionarios del Banco Central de Irán, en el transcurso de la revolución de febrero, 144 destacados capitalistas transfirieron 2,4 billones de dólares –una quinta parte de los ingresos totales de Irán en petróleo– a bancos en EE.UU., Suiza, Francia, Israel, etc., –una vez más hay que resaltar que la cifra mencionada fue transferida únicamente a través del Banco Central de Irán. Billones de dólares fueron transferidos a través de bancos y filiales iraníes en Inglaterra, Japón, Holanda, etc., o fueron sacados directamente del país–.

lunes, 5 de abril de 2021

De «leyenda negra» a «leyenda blanca» sobre el colonialismo hispano; Equipo Bitácora (M-L), 2021

«La Hispanidad es el conjunto de los pueblos descubiertos, civilizados y evangelizados por España, que tienen un mismo modo de ser. (…) Lo cierto que nunca fue España tan grande como cuando se entregó totalmente a la obra de ganar para la fe y la civilización cristiana a los indios americanos y a los isleños de Oceanía, y se enfrentaba con los protestantes o los turcos, a fin de librar a la Iglesia y a la Cristiandad de tales enemigos». (Formación del espíritu nacional, 1955)

Advertimos al lector que tome asiento y se prepare para la batería de disparates que los nacionalistas pueden llegar a soltar para escurrir el bulto sobre sus referentes y figuras de culto.

Para empezar, ¿qué considera el «buenismo», en boca de Armesilla, un «imperio positivo», un «imperio generador»?

«En el caso de los Imperios Depredadores de la última fase del capitalismo del siglo XIX, entre 1884 y 1900, nos referimos a los Imperios Británico, Alemán, Holandés y el Imperio Colonial Francés –no confundir con el Primer Imperio Francés o Napoleónico, cuyos caracteres eran los propios de un Imperio Generador, pero ya nos referiremos a esto más tarde–, el excedente de capital no se dedicó en ningún momento a elevar el nivel de vida de los habitantes de las colonias ya que eso hubiera mermado considerablemente las ganancias de los capitalistas británicos, alemanes, holandeses y franceses, sino que se dedicó a acrecentar esas ganancias a través de la exportación de capitales a los países atrasados, es decir, les volvían a vender a las colonias el excedente de capital que extraían de las mismas». (Santiago Armesilla; Reescritos de la disidencia, 2012)

Y en el caso del Imperio hispánico, Armesilla reclamaba reivindicar tal imperio alegando la:

«La organización de los caminos como rutas comerciales terrestres que convergían en las Plazas de Armas de las ciudades, la promoción del mestizaje sexual, el otorgamiento de tierras comunales a indios y peninsulares, los más de 150.000 licenciados que salieron de las más de veinte Universidades generadas por el Imperio en América, el establecimiento del Real de a Ocho como moneda-mercancía de cambio universal, e incluso las reducciones jesuíticas de corte socialista». (Santiago Armesilla; Rosa Luxemburgo y España. Escrito para la Razón Comunista, 2019)

Atribuir en el caso del Imperio hispánico o de cualquier otro en cualquier época unas intenciones que no fueran el pillaje, la acumulación de tierras y la fama, es una completa tomadura de pelo, solo posible para un ultranacionalista sin escrúpulos que busca el blanqueamiento del imperio que defiende. 

Ver preocupación por los súbditos en la creación de infraestructuras de las colonias es tan estúpido como querer ver conatos de humanismo en el esclavista romano que daba comida al trabajador de su hacienda, cuando es claro que el único fin con que lo realizaba era el de que su propiedad –el trabajador eslavo–, no se muriese de hambre y pudiese retornar al día siguiente a su jornada laboral, una cuestión de puro interés basado en el beneficio económico. Pero bueno, qué esperar de gente como Bueno que niega hasta el concepto de plusvalor de Marx, o de Armesilla, que niega la teoría imperialista de Lenin.

domingo, 24 de enero de 2021

Pi y Margall hablando sobre España y sus guerras coloniales en el siglo XIX

«Las guerras del presente siglo, Carlos, no para precavernos contra las que puedan sobrevenir sino para curarnos de nuestro espíritu de aventuras y de nuestro loco orgullo debemos recordarlas. Salvo las que contra los franceses sostuvimos, ninguna fue merecedora de aplauso. Ninguna tuvo por fin emancipar pueblos ni abrir pasos que nos hubiese cerrado el egoísmo ni la barbarie. Me limito por ahora a las exteriores; de las civiles hablaré más tarde. ¿Tienes tú por nobles y justas ni la de África, ni la de Santo Domingo, ni la de Méjico, ni la del Pacífico, ni la de Cochinchina? La de África ya sabes que la provocó O'Donnell con ánimo de distraer la atención de los partidos que aquí le eran adversos. (...) A Santo Domingo tampoco ignoras que fuimos prestándonos a ser instrumento de uno de los partidos en que estaba dividida la República. (...) Pero mucho peor fue la causa de nuestra expedición á Méjico, que, como recordarás, emprendimos juntos con Inglaterra y Francia. Fuimos allí á defender los abusos y los latrocinios de una mal llamada Convención Española á que se había conferido el encargo de deslindar las deudas allí contraídas durante la guerra por la que Méjico sacudió nuestro yugo. ¿Pudo ser más pobre el origen de la guerra del Pacífico? La empezamos por no haber querido castigar el Perú á los agresores de unos compatricios nuestros que residían en Talambo. Ocupamos las Chinchas, no las devolvimos sino mediante una indemnización de tres millones de pesos, reavivamos antiguos odios y de cuestión en cuestión llegamos á que contra nosotros se coligasen el Perú, Chile, el Ecuador y Bolivia. A Cochinchina fuimos finalmente arrastrados por los franceses que so pretexto de vengar la muerte de unos misioneros se proponían agrandar sus dominios de Asia. No te hablo de las guerras de Joló, Balanguingui y Mindanao, porque, como tú mismo indicas, éstas no son más que afianzamientos de mal guardadas islas. (...) Vengamos á las guerras coloniales. La de 1896 no es la primera que ha ocurrido en el Archipiélago Filipino; es sí la que más claramente revela un espíritu hostil en los indígenas. No ha concluido aún: del rescoldo de la lucha sostenida en Cavite y los montes de San Mateo brotan frecuentemente chispas que amenazan reproducir el incendio. ¿De quién sino de nosotros la culpa? Nos hemos empeñado en tener aquellas islas bajo el poder de comunidades religiosas tan escasas en virtudes como abundantes en vicios que todo lo sacrifican á su ambición y su codicia. De la ignorancia del pueblo han vivido esas comunidades y en la ignorancia querrían eternamente conservarlo para que nunca amenguasen ni su autoridad ni sus rentas. (...) Ha nacido de aquí lo que no podía menos de nacer, el espíritu de insurrección, la guerra. Si nuestros políticos hubiesen sido más previsores y más prácticos ¿crees tú que no se la habría evitado? Hicimos allí algunas reformas; pero ninguna que atacase en su raíz el mal, ninguna que tendiese á dar expansión á los ánimos. (...) De la guerra de Cuba somos aún más culpables. Cuba está peleando más de medio siglo por su independencia. Arde en deseos de emanciparse de nosotros y cada vez que sucumbe nos tiene mayor odio. Del año 68 al 78 sostuvo una guerra que no pudimos acabar sino por un convenio. La reanudó el mismo año 78 y dio no poco que hacer á nuestras tropas. La renovó el año 95 con violento empuje y pudo resistir el de 200.000 soldados que contra ella dirigimos deseosos de ahogar la insurrección en su cuna. Sigue batallando á pesar de haber perdido jefes de la importancia de Martí y Maceo. ¿Qué no hemos ensayado para vencerla? Primero la blandura, después el terror y el exterminio. Nada hemos alcanzado. Así las cosas ¿qué aconsejaban la razón y la política? Evidentemente otro convenio. En vez de intentarlo como el año 78 con los insurrectos, sin contar ni con sus jefes militares ni con su gobierno les llevamos hechas importantes concesiones. Las han aceptado con fruición los pacíficos, no los rebeldes, y estamos como estábamos. Debimos ofrecer la autonomía á los que están en armas; si ni con ella estaban dispuestos á dejarlas, otorgarles la independencia. ¿Qué otro remedio quedaba viéndonos impotentes para concluir la guerra? Sostener la guerra indefinidamente ni nos lo permitían las fuerzas del Tesoro ni la salud del Reino ni era posible que lo consintieran las vecinas gentes; sufría el comercio de todas las naciones, principalmente el de los Estados Unidos. Conceder á Cuba la independencia ¿nos había de ser ni parecer indecoroso? Inglaterra la concedió á las mismas colonias que son hoy el núcleo de la república norteamericana; nosotros por no querer otorgarla á tiempo á las colonias que tuvimos de Méjico á Chile las perdimos todas sin compensación de ningún género y hasta con ignominia. (...) Contra la libertad de los pueblos no hay prescripción posible. (...) Cuba levantándose contra nosotros y reclamando su independencia está en su derecho. (...) De la guerra de Cuba hemos sacado la de los Estados Unidos; de la de Filipinas la inquietud y el temor de mayores males; de la de Cochinchina una indemnización pecuniaria mezquina y vergonzosa; de la de Santo Domingo el abandono de la isla, después de haber gastado 98 millones de pesetas; de la de Méjico, en que invertimos 17 millones, absolutamente nada; de la del Pacífico la pérdida del Covadonga y la retirada del Callao con los buques rotos, buques que se hubo de ir á reparar parte en Río Janeiro, parte en el archipiélago de Otahili; de la de África por fin una rectificación de límites, 20 millones de duros y un territorio en Santa Cruz la Pequeña para un establecimiento de pesquería. Todas estas injustas guerras ¿pueden servir, como antes te dije, más que de escarmiento? A guerras de esta índole debemos resueltamente cerrar la puerta. ¡Ojalá lo consigamos!». (Francisco Pi y Margall; Carta a Eusebio, 26 de abril de 1898)

viernes, 6 de noviembre de 2020

Lenin sobre las guerras imperialistas...

«Es fundamentalmente erróneo, antimarxista y anticientífico, separar «la política exterior» de la política en general, ni qué hablar de oponer la política exterior a la interior. Tanto en política exterior como interior, el imperialismo tiende hacia la violación de la democracia, hacia la reacción. (...) Todas las frases sobre una guerra defensiva o sobre la defensa de la patria que provengan de las grandes potencias –léanse los grandes expoliadores– que combaten por la hegemonía mundial, por los mercados y «esferas de influencia» y por la esclavización de las naciones, ¡son frases mentirosas, absurdas e hipócritas! (...) Para el pequeñoburgués lo importante es dónde están apostados los ejércitos, quién está venciendo en él momento actual, Para un marxista lo importante es qué cuestiones están en juego en esa guerra, en el curso de la cual puede ir venciendo a veces un ejército, a veces el otro. (...) La verdadera esencia de la guerra actual no es nacional, sino imperialista. No se libra para que un bando pueda derrocar la opresión nacional, que el otro bando trata de mantener. Es una guerra entre dos grupos opresores, entre dos bandoleros, para determinar cómo repartir el botín, quién ha de saquear. (...) En síntesis: una guerra entre grandes potencias imperialistas –es decir, potencias que oprimen a toda una serie de pueblos y los tienen sometidos al capital financiero, etc.– o en alianza con las grandes potencias, es una guerra imperialista. Así es la guerra de 1914-1916. Y en esa guerra «la defensa de la patria» es un engaño, un intento de justificar la guerra. (...) Para hacer pasar esta guerra como una guerra nacional, los socialchovinistas invocan la autodeterminación. Hay una sola manera correcta de combatirlos: debemos demostrar que la guerra no se libra para liberar naciones, sino para determinar cuál de los grandes ladrones oprimirá mayor número de naciones. (...) Kautsky fue marxista hasta la guerra de 1914-1916, y muchas de sus principales obras y declaraciones serán siempre un modelo de marxismo. El 26 de agosto de 1910 escribió en Neue Zeit a propósito de la guerra inminente: «En una guerra entre Alemania e Inglaterra la cuestión no es la democracia, sino el dominio mundial, es decir, la explotación del mundo. No es esta una cuestión en la que los socialdemócratas puedan alinearse con los explotadores de su propia nación». He ahí una excelente formulación marxista, que coincide en todo con la nuestra, que desenmascara completamente al Kautsky de hoy, que del marxismo se pasó a la defensa del socialchovinismo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Una caricatura del marxismo y el economicismo imperialista, 1916)

martes, 7 de enero de 2020

El proletariado victorioso no puede imponer la felicidad a ningún pueblo extranjero sin comprometer su propia victoria


«Me pregunta usted qué piensan los obreros ingleses de la política colonial. Pues lo mismo que de la política en general; lo mismo que piensan los burgueses. Aquí no hay partido obrero, no hay más que el partido conservador y el partido liberal-radical, y los obreros se benefician tranquilamente con ellos del monopolio colonial de Inglaterra y del monopolio de ésta en el mercado mundial. A juicio mío, las colonias propiamente dichas, es decir, los países ocupados por una población europea: el Canadá, El Cabo, Australia, se harán todos independientes; por el contrario, los países sometidos nada más, poblados por indígenas, como la India, Argelia y las posesiones holandesas, portuguesas y españolas, tendrán que quedar confiadas provisionalmente al proletariado, que las conducirá lo más rápidamente posible a la independencia. Es difícil decir cómo se desarrollará este proceso. La India quizás haga una revolución, es incluso probable, y, como el proletariado que se emancipa no puede mantener guerras coloniales, habrá que resignarse a ello; eso no sucederá, evidentemente, sin destrucciones, pero son inherentes a toda revolución. Lo mismo puede ocurrir en otros sitios, en Argelia y Egipto, por ejemplo, lo que sería, por cierto, para nosotros, lo mejor. Tendremos bastante que hacer en nuestro país. Una vez Europa esté reorganizada, así como América del Norte, eso dará un impulso tan fuerte y será un ejemplo tan grande, que los países semicivilizados seguirán ellos mismos nuestra senda; de ello se ocuparán, por sí solas, las demandas económicas. Las fases sociales y económicas que estos países tendrán que pasar antes de llegar también a la organización socialista, no pueden, creo yo, ser sino objeto de hipótesis bastante ociosas. Una cosa es segura: el proletariado victorioso no puede imponer la felicidad a ningún pueblo extranjero sin comprometer su propia victoria. Bien entendido, esto no excluye, en absoluto, las guerras defensivas de diverso género». (Friedrich Engels; Carta a Karl Kautsky, 12 de septiembre de 1882)

lunes, 11 de noviembre de 2019

Una nota rápida sobre la dimisión de Evo Morales...; Equipo de Bitácora (M-L), 2020

«El recorrido político que ha tenido la Bolivia de Evo Morales [*] ya ha sido comentado varias veces... 

Hoy amanecimos con una noticia de novedades políticas en La Paz. ¿Y qué podemos concluir? Que lo de estos «socialistas del siglo XXI» sobrepasa de lo ridículo. Nos han vendido la idea de que ellos son la prueba del «tránsito pacífico al socialismo», que ellos son «pueblo» y que el «pueblo les defenderá ante cualquier eventualidad» que sufra la «revolución». Pero ahora los seguidores de Evo Morales claman en Bolivia, que existe un  «golpe de Estado» contra él, que su poder es legítimo y el de sus opositores no. Si su relato es cierto, pregunto, ¿por qué decide dimitir y entregar el poder sin más? Se imaginan en la España de 1936, que los republicanos, socialistas, comunistas y anarquistas, y que ante el golpe de Estado de los militares reaccionarios, «demócrata-cristianos», monárquicos y fascistas, dijesen: «Señores, han dado un golpe contra la República inadmisible, pero... nos retiramos, el poder es suyo»...

¡Algo no cuadra...!». (Equipo de Bitácora (M-L); Una nota rápida sobre la dimisión de Evo Morales..., 2020)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

[*] Reproduciremos los extractos de nuestros documentos:

jueves, 17 de octubre de 2019

Lenin hablando sobre las asimilaciones...


«El capitalismo en desarrollo conoce dos tendencias históricas en el problema nacional. La primera es el despertar de la vida nacional y de los movimientos nacionales, la lucha contra toda opresión nacional y la creación de Estados nacionales. La segunda es el desarrollo y multiplicación de las relaciones de todo tipo entre las naciones, el derrumbamiento de las barreras nacionales, la formación de la unidad internacional del capital, de la vida económica en general, de la política, de la ciencia, etc. Ambas tendencias son una ley universal del capitalismo. La primera predomina en los albores del desarrollo capitalista; la segunda es característica del capitalismo maduro, que marcha hacia su transformación en sociedad socialista. El programa nacional de los marxistas tiene presentes ambas tendencias: primero, defiende la igualdad de derechos de las naciones y de los idiomas –y también el derecho de las naciones a la autodeterminación, de lo cual hablaremos más adelante– y considera inadmisible la existencia de cualesquiera privilegios en este aspecto; segundo, propugna el principio del internacionalismo y la lucha implacable por evitar que el proletariado se contamine de nacionalismo burgués, aun del más sutil. Y cabe preguntar: ¿a qué se refiere nuestro bundista cuando clama al cielo contra la «asimilación»? No ha podido referirse a la violencia ejercida contra las naciones ni a los privilegios de una de ellas, porque aquí nada tiene que ver la palabra «asimilación»; porque todos los marxistas, tanto por separado como juntos, formando un todo único oficial, han condenado con firmeza, sin dejar lugar a equívocos, la menor manifestación de violencia, opresión o desigualdad nacionales. (...) El señor Libman condena la «asimilación» sin entender por ella ni la violencia, ni la desigualdad, ni los privilegios. Pero, ¿queda algo real en el concepto de «asimilación» si se excluyen toda violencia y toda desigualdad? Sí, desde luego. Queda la tendencia histórica universal del capitalismo a romper las barreras nacionales, a borrar las diferencias nacionales, a llevar las naciones a la asimilación, tendencia que cada decenio se manifiesta con mayor pujanza y constituye uno de los más poderosos motores de la transformación del capitalismo en socialismo. No es marxista, ni siquiera demócrata, quien no acepta ni defiende la igualdad de derechos de las naciones y los idiomas, quien no lucha contra toda opresión o desigualdad nacionales. Esto es indudable. Pero es igualmente indudable que el pseudomarxista que pone de vuelta y media a .los marxistas de otra nación, acusándolos de «asimilistas», es de hecho un simple pequeño burgués nacionalista». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Notas críticas sobre la cuestión nacional, 1913)

Posts relacionados:

domingo, 18 de agosto de 2019

Nación popular, nación socialista, nación comunista; Joan Comorera, 1944


«Lenin nos ha dicho magistralmente:

«Cuando una gran empresa se convierte en gigantesca y organiza sistemáticamente, sobre la base de un cálculo exacto de múltiples datos, el abastecimiento en la proporción de los 2/3 o de los 3/4 de la materia prima de todo lo necesario para una población de varias decenas de millones; cuando se organiza sistemáticamente el transporte de dichas materias primas a los puntos de producción más cómodos, que se hallan a veces a una distancia de centenares y de miles de kilómetros uno de otro- cuando desde un centro se dirige la elaboración del material en todas sus diversas fases hasta la obtención de una serie de productos diversos terminados; cuando la distribución de dichos productos se efectúa según un solo plan entre decenas y centenares de millones de consumidores –venta de petróleo en América y en Alemania por el «Trust del Petróleo» americano–, aparece entonces con evidencia que nos hallamos ante una socialización de la producción y no ante un simple «entrelazamiento»; que las relaciones de economía y propiedad privadas constituyen una envoltura que no corresponde ya al contenido, que debe inevitablemente descomponerse si se aplaza artificialmente su supresión, que puede permanecer en estado de descomposición durante un período relativamente largo –en el peor de los casos, si la curación del tumor oportunista se prolonga demasiado–, pero que, sin embargo, será ineluctablemente suprimida». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo fase superior del capitalismo, 1916)

Hoy está claro para todos que el «tumor del oportunismo» ha prolongado la vida del capitalismo monopolista. También está claro que la antítesis revelada por Lenin, producción social y propiedad privada de los medios de producción, se debe resolver ahora. Y que lo debemos resolver, esencialmente, nosotros. Y ese «nosotros», quiere decir nuestros partidos de hoy, la clase obrera de hoy, la masa popular de hoy.

¿Y para sustituirlo con qué, compañeros? Si reaccionamos estrictamente como sectarios contestaremos: con el socialismo. Si reflexionamos que no somos la única fuerza que necesita contar con otras fuerzas populares, que junto con nosotros combaten a muerte contra el nazi-fascismo-falangismo, que junto con nosotros deben participar en la reconstrucción del mundo, después de la victoria, que no estamos en presencia de un fenómeno aislado, localizado, sino de un fenómeno universal, que estamos ante un cambio de civilización en escala mundial: nos guardaremos mucho y bastante de forjarnos una línea rígida de aplicación nacional.

viernes, 16 de agosto de 2019

No corresponde a los socialistas ayudar a un bandido más joven y más vigoroso a desvalijar a otros bandidos más viejos y más cebados


«Desde el punto de vista de la justicia burguesa y de la libertad nacional –o del derecho de las naciones a la existencia–, Alemania tendría sin duda alguna razón contra Inglaterra y Francia, ya que ha sido «defraudada» en el reparto de las colonias, y sus enemigos oprimen a muchísimas más naciones que ella; en cuanto a su aliada, Austria, los eslavos por ella oprimidos gozan sin duda de más libertad que en la Rusia zarista, verdadera «cárcel de pueblos». Pero la propia Alemania no lucha por liberar a los pueblos, sino por sojuzgarlos. Y no corresponde a los socialistas ayudar a un bandido más joven y más vigoroso –Alemania– a desvalijar a otros bandidos más viejos y más cebados. Lo que deben hacer los socialistas es aprovechar la guerra que se hacen los bandidos para derrocar a todos ellos. Para esto, es preciso ante todo que los socialistas digan al pueblo la verdad, a saber, que esta guerra es, en un triple sentido, una guerra entre esclavistas para reforzar la esclavitud. En primer lugar, es una guerra que tiende a consolidar la esclavitud de las colonias mediante un reparto mas «equitativo» y una explotación ulterior mas «coordinada» de las mismas; en segundo lugar, es una guerra que persigue el reforzamiento del yugo que pesa sobre las naciones extrañas en el seno mismo de las «grandes» potencias, pues tanto Austria como Rusia –y esta mucho mas y mucho peor que aquélla– sólo se mantienen gracias a ese yugo que refuerzan con la guerra; en tercer lugar, es una guerra con vistas a intensificar y prolongar la esclavitud asalariada, pues el proletariado está dividido y aplastado, mientras que los capitalistas salen ganando, enriqueciéndose con la guerra, avivando los prejuicios nacionales e intensificando la reacción, que ha levantado la cabeza en todos los países, aun en los más libres y republicanos». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El socialismo y la guerra, 1915)

domingo, 11 de agosto de 2019

Sobre el cerco capitalista; Stalin, 1937


«¿Cuáles son pues los hechos que han olvidado o que simplemente no han captado nuestros camaradas del Partido? 

Han olvidado que el poder de los Soviets sólo ha triunfado en una sexta parte del globo y que las cinco sextas partes restantes, están en posesión de los Estados capitalistas. Han olvidado que la Unión Soviética se encuentra dentro del cerco capitalista. Entre nosotros existe la costumbre de hablar mucho sobre el cerco capitalista; pero en lo que se refiere a reflexionar sobre su significado, esto es algo que no suele hacerse. El cerco capitalista no es una frase hueca, es un fenómeno muy real y muy desagradable. El cerco capitalista, significa en concreto que existe un país, la Unión Soviética, el cual ha instaurado el orden socialista, y que por otra parte, hay, un gran número de países, países burgueses, que continúan llevando un género de vida capitalista y están cercando a la Unión Soviética, aguardando la menor oportunidad para atacarla, para abatirla o, en todo caso, para socavar su potencia y debilitarla. 

lunes, 18 de febrero de 2019

El neocolonialismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


El neocolonialismo como hemos venido explicando durante todo el documento tiene una explicación muy plausible:

«La Segunda Guerra Mundial produjo un cambio radical en la correlación de fuerzas en el mundo. Condujo a la destrucción de las grandes potencias fascistas, pero también estremeció los fundamentos y debilitó considerablemente a las viejas potencias colonialistas. La guerra antifascista planteó en todas partes, incluso en los países que no se habían visto envueltos en su torbellino, el problema de la liberación nacional. Los pueblos de las antiguas colonias que, conjuntamente con los países de la coalición antifascista, habían participado en la guerra para sacudirse el yugo fascista, ya no podían dar pasos atrás y soportar por más tiempo el yugo colonial (...) Obligados por la situación, muchos países colonialistas comprendieron que las viejas formas de explotación y administración de las colonias eran anacrónicas, sin concederles la más mínima libertad e independencia. Las potencias imperialistas, colonialistas, no llegaron a esta conclusión movidas por sus sentimientos democráticos y por su deseo de conceder la libertad a los pueblos, sino presionadas por los pueblos colonizados y a causa de su debilidad militar, económica, política e ideológica, que no les permitía conservar el viejo colonialismo. Pero, el imperialismo francés, inglés, italiano, estadounidense, etc., no quería renunciar a la explotación de esos pueblos y países. Cada potencia imperialista se vio obligada por las circunstancias creadas a conceder la autonomía a estos pueblos o prometerles la libertad y la independencia después de un cierto plazo. Este plazo, que fijaron supuestamente para permitirles tomar conciencia de su capacidad de gobernarse por sí mismos y formar a este fin los cuadros locales, tendía de hecho a preparar nuevas formas de explotación imperialistas, el nuevo colonialismo, dando a los países y a los pueblos la falsa impresión de que habían conquistado la libertad. (…) Muchos pueblos ex coloniales, a pesar de haber obtenido esta «independencia» y esta «libertad», tal como se las habían dado las antiguas potencias colonialistas, tuvieron que empuñar las armas porque los imperialistas no estaban dispuestos a conceder de inmediato esa «libertad» y esa «independencia». Particularmente los imperialistas franceses pretendían conservar también después de la guerra la fuerza o la «grandeza» de Francia. Así fue cómo los pueblos de Argelia, Vietnam y muchos otros dieron inicio a una prolongada lucha de liberación y, por último, lograron liberarse». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

Queda de sobra demostrado históricamente que una revolución anticolonial es un acto progresista, eso es indudable, pero hay que dejar claro que aunque ello sea per se un acto antiimperialista, no siempre el nuevo Estado resultante llega a consolidarse como tal si no es dirigido por el proletariado y su partido:

viernes, 15 de febrero de 2019

Los comunistas ante la cuestión nacional no deben tomar principios abstractos o formales sino tener en cuenta lo siguiente


«De acuerdo con su tarea fundamental de luchar contra la democracia burguesa y de desenmascarar la falsedad y la hipocresía de la misma, los partidos comunistas, intérpretes conscientes de la lucha del proletariado por el derrocamiento del yugo de la burguesía, deben, en lo referente al problema nacional, centrar también su atención, no en los principios abstractos o formales, sino 1) en apreciar con toda exactitud la situación histórica concreta y, ante todo, la situación económica; 2) diferenciar con toda nitidez los intereses de las clases oprimidas, de los trabajadores, de los explotados y el concepto general de los intereses de toda la nación en su conjunto, que no es más que la expresión de los intereses de la clase dominante; 3) asimismo dividir netamente las naciones en: naciones oprimidas, dependientes, sin igualdad de derechos, y naciones opresoras, explotadoras, soberanas, por oposición a la mentira democrático-burguesa, la cual encubre la esclavización colonial y financiera –cosa inherente a la época del capital financiero y del imperialismo– de la enorme mayoría de la población de la tierra por una insignificante minoría de países capitalistas riquísimos y avanzados». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Primer esbozo de las tesis sobre los problemas nacional y colonial para el II Congreso de la Komintern, 5 de junio de 1920)

sábado, 22 de diciembre de 2018

Quién es Jomeini y a qué intereses sirve; Partido del Trabajo de Irán, 1985


«Jomeini es una antigua figura religiosa que en 1963 fue deportado a Irak por oponerse a la reforma agraria del Sha. El móvil opositor de Jomeini era su negativa a dar libertad a la mujer, a la reforma agraria y a limitar la autoridad del clero en el Gobierno del país, y creando la organización «Oghaf» (11), etc. La reforma agraria del Sha redujo el poder económico y político del clero que como respuesta provocó la oposición de este sector que tenía profundas raíces en el seno de la sociedad. Durante sus 15 años de exilio en Irak, Jomeini no desarrolló actividad política alguna pero se mantuvo en contacto con la vasta red del clero iraní a través de las tradicionales relaciones de los círculos religiosos de Qom, Mashad y Najaf, que son los centros religiosos chutas. Entre estos grupos se creó una reputación como símbolo de oposición al Sha. Entre 1976-1977, cuando se creó una atmósfera religiosa gracias al teórico neoislámico Dr. Al i Shariati, y gracias también a la relativa libertad para el clero e intelectualidad religiosa y los comerciantes, que habían convertido las mezquitas en bases de su propaganda, Jomeini se hizo famoso ante el resto del pueblo como el símbolo de la oposición al Sha. La juventud, que escuchaba por vez primera el nombre de esta «virtuosa» figura religiosa, encontró en Jomeini y sus discursos y artículos la expresión de oposición al podrido sistema monárquico, al imperialismo y relaciones retrógradas. En un breve período, Jomeini se convirtió en el símbolo de la unidad del pueblo iraní contra el sistema de dependencia y en un símbolo de la libertad. Cuando regresó a Irán, recibió una bienvenida que no tiene paralelismo en la historia de Irán. El pueblo dió la bienvenida a Jomeini no por su carácter religioso ni por el Islam, sino por haber dado los primeros pasos en acometer sus exigencias de independencia, libertad y bienestar social. Recordaban a Jomeini diciendo: «el clero no se interferirá en el Gobierno y sólo tendrá un papel directivo. El pueblo escogerá por sí mismo qué tipo de Gobierno quiere. Habrá mucha más libertad que en occidente».

Pero con su llegada al poder, todas estas promesas resultaron ser falsas. El clero, al igual que cualquier otro Gobierno, utilizó el poder político en interés de la clase dominante. Incluso aunque hoy no sirvan los intereses de una clase concreta como tal, en todos los aspectos continúan con el mismo fanatismo medieval de la época en que surgió el Islam hace 1.400 años –y es así como se debe entender su oposición a los imperialistas y socialimperialistas, como símbolos profanos internacionales–, prevaleciendo todos los rasgos de oposición al proletariado, el campesinado y las masas trabajadoras. El clero, junto con la burguesía iraní y todo su poder, estuvo en contra el pueblo desde el primer día de la victoria de la revolución, y luchó contra el desarrollo y profundización de la revolución. Pronto fueron suprimidos los movimientos obrero y campesino. La cuestión de las minorías nacionales en un país compuesto por varias nacionalidades, lejos de resolverse alcanzó su culminación con bombas de Napalm y otras armas heredadas del régimen del Sha, el régimen de Jomeini atacó salvajemente a las masas oprimidas de estas nacionalidades. La reaccionaria ley de prensa fue promulgada, preludio de los ataques venideros, y con objeto de llevar a cabo nuevas medidas de terror, se recurrió a una nueva argucia: la ocupación de la Embajada norteamericana». (Partido del Trabajo de Irán; Cómo fue traicionada la revolución; Publicado en Teoría y práctica,  Nº 7, 1985)

viernes, 7 de diciembre de 2018

¿Por qué la clase obrera y los comunistas iranies, pese a su gran e importante papel en la revolución no pudieron tomar el poder?; Partido del Trabajo de Irán, 1985


«La historia del movimiento obrero iraní está llena de altibajos, pudiéndose extraer muchas lecciones. La clase obrera estaba todavía en una fase embrionaria cuando sus representantes políticos —influidos por la socialdemocracia en Rusia e inspirados por el Partido bolchevique— participaron en la «revolución constitucionalista» de 1906 (5) y jugaron un importante papel en la revolución y el levantamiento de Tabriz. La clase obrera acababa de constituirse y creado sus primeras organizaciones cuando participó en el movimiento «de la Jungla» y la «República de Guilan» (6) e incluso consiguió tomar la dirección de estos movimientos gracias a la inteligencia del destacado comunista iraní Heydar Khan Amu Oghli. La joven clase obrera en los movimientos de 1941-1953 fue una importante fuerza en todos los aspectos de la vida social e incluso a punto estuvo de tomar el poder, pero fue traicionada por algunos de sus representantes y salvajemente reprimido por el régimen sangriento que ocupó el poder tras el golpe de 1953. Más tarde, el imperialismo, que reconocía a esta gran fuerza social como su único enemigo real, desarrolló un ataque tan enorme sobre esta fuerza, que la historia de este período marcó la confrontación entre estas dos fuerzas. Los mercenarios del imperialismo abrieron fuego sobre un gran número de obreros y sus representantes comunistas. Varios oficiales, comunistas revolucionarios y valerosos obreros fueron ejecutados. Pero estas ejecuciones no fueron la causa principal del desastre –puesto que cada revolución necesita sacrificios–, más bien fue la corrupción en la dirección del movimiento. El revisionismo jruchovista dominó la dirección y causó la división en el Partido Tudeh (Comunista). Una serie de comunistas (7) se levantaron contra el revisionismo pero la situación de dictadura no les permitió crecer y su justa voz no se oyó. Especialmente en unos momentos cuando el sonido de las metralletas de los partidarios de otra línea desviacionista –el castrismo– estaba ocultando a los intelectuales rebeldes y a la juventud revolucionaria la posibilidad de escuchar esta justa voz –que entonces alzara la Organización Marxista-Leninista Toufan– su repercusión fue mínima.

El movimiento no se había recuperado todavía de los efectos del revisionismo jruchovista y el «guarismo» cuando fue golpeado por el maoismo y las tesis desviacionistas de la «teoría de los tres mundos». Esta teoría fue, de hecho, una barrera fin la reconstrucción de nuestro Partido.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Los comunistas ante los movimientos de liberación nacional


«Por lo general, todos, socialdemócratas y revisionistas, se manifiestan por la liberación nacional de los pueblos. Hoy de lo que suelen olvidarse es de su liberación social. No les importa demasiado un movimiento de liberación nacional siempre que las burguesías y sectores pequeño burgueses de los países afectados dirijan los procesos en colaboración con uno u otro imperialismo según las circunstancias y lugar y los mantengan en la órbita del capitalismo en general y de uno u otro imperialismo. En efecto, muchos movimientos de liberación nacional que han movilizado en su justa lucha a pueblos enteros, tras la toma de poder o han pasado a depender de otro imperialismo o han continuado bajo la órbita de sus antiguos colonizadores. En ambos casos, en beneficio de las nuevas burguesías nacionales dirigentes de los procesos de liberación nacional, que no social. (...) Separar la lucha por la liberación nacional de la lucha por la revolución social y por la dictadura del proletariado es tanto como abandonar dicha lucha en manos de las burguesías de cada país, aliadas, en definitiva, en connivencia, con uno u otro imperialismo. (...) El apoyo de los comunistas ha de ir orientado a impulsar la liberación nacional hacia la liberación social y a tomar su dirección, eso significa fomentar la lucha de clases en el seno de los movimientos de liberación nacional y lucha porque el proletariado y su partido, siempre que lo haya, gane terreno en ellos o impulsar a su cabeza a los sectores más oprimidos y explotados de la población. (…) Se trata, precisamente de eso, de que en nuestra época del proletariado de las naciones oprimidas ha de tener también su política independiente de clase que ha de ir más allá del simple objetivo de «liberación nacional», que no debe pararse ahí y que debe llevar la lucha de clases hacia adelante y no practicar la unidad nacional en todos los terrenos con su propia burguesía. Cuánto más ha de ser así, si la burguesía propia se muestra, bajo la disculpa de combatir al imperialismo extranjero, como reaccionaria, oscurantista y sanguinaria». (M. Serrada; Los comunistas ante los movimientos de liberación nacional; Publicado en «Vanguardia Obrera», Nº 500, 1985)

jueves, 6 de septiembre de 2018

Repaso histórico a las teorías enfrentadas al axioma científico de la acumulación de capital; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«Toda la serie de teorías que hemos venido desbrozando a lo largo del presente documento sobre Manuel Shuterland no han sido meras invenciones del mismo. La concepción de negación del proceso de acumulación del capital y de monopolización –que es el eje central del negacionismo «sutherlandiano» para con el imperialismo como fase especial del capitalismo–; son «perro viejo» de la literatura revisionista.

El primero de estos testimonios puede encontrarse, de forma más o menos clara, en economistas románticos de la etapa del pensamiento pre-marxista, como por ejemplo Sismondi o Proudhon. Sin embargo, el primer «socialista» que hizo públicas unas disquisiciones similares fue el padre del revisionismo: Eduard Bernstein. Hablamos de revisionismo en marxismo, cuando se revisa un axioma sin argumentación, sin evidencia científica, desde posiciones subjetivas.

Consideramos oportuno dedicar unas líneas a Proudhon y a Bernstein, para trazar el origen del revisionismo del que hace gala el «economista» venezolano.

En 1846-1847, Karl Marx publicó una brillante réplica al libro de Proudhon «Filosofía de la miseria» de 1846. La réplica desmontaba las teorías socialistas del autor francés, mientras elaboraba por primera vez, de forma sistemática la concepción del mundo materialista-dialéctica, superando el primer esbozo de la misma, que apareció en el también polémico libro «La Sagrada Familia» de 1844, coescrito con Engels y dirigido contra el elitismo filosófico de los idealistas y voluntaristas neohegelianos como Bruno Bauer y consortes.

En la polémica con Proudhon, que Marx mandó imprimir bajo el sagaz título «Miseria de la filosofía», encontramos un capítulo referido al desarrollo dialéctico reciente de la economía. En él, encontramos, a su vez, una referencia a la creencia proudhoniana de la competencia como un proceso acabado, definitivo, del desarrollo social precedente. Para Proudhon, por lo tanto, la nueva sociedad no podría sino basarse en la competencia, pues era la forma acabada «más perfecta» de los modos de distribución de los productos –en este caso, mercancías–.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Negación de la peligrosidad de la inversión extranjera imperialista para la soberanía político-económica de un país; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«Toda inversión en otro país, y sobre todo en recursos naturales, busca la máxima ganancia, el menor costo, la menor inversión etc. No veo inversiones capitalistas normales versus imperialistas, para mi todas son capitalistas, salvo las excepciones más arriba». (Manuel Sutherland; Comentarios, 3 de marzo de 2015)

a) Primero, Manuel Sutherland, al no entender la evolución del capitalismo, no entiende que actualmente tras un alto grado de desarrollo del capitalismo y su consolidación en monopolios, la tendencia no es como en la anterior época del «capitalismo de libre concurrencia» dominada por la exportación de mercancías, en la etapa monopólica como ya se ha explicado la exportación de los países imperialistas está por completo dominada por la exportación de capitales, lo que además refuerza el carácter parasitario de las burguesías en estos países, el carácter usurero del que anteriormente hablábamos:

«Lo que caracteriza al viejo capitalismo, en el cual dominaba plenamente la libre competencia, era la exportación de mercancías. Lo que caracteriza al capitalismo moderno, en el que impera el monopolio, es la exportación de capital. El capitalismo es la producción de mercancías en el grado más elevado de su desarrollo, cuando incluso la fuerza de trabajo se convierte en mercancía. El incremento del cambio tanto en el interior del país como, particularmente, en el terreno internacional, es el rasgo característico del capitalismo. El desarrollo desigual, a saltos, de las distintas empresas y ramas de la industria y de los distintos países es inevitable bajo el capitalismo. Inglaterra es la primera que se convierte en país capitalista, y hacia mediados del siglo XIX, al implantar el libre cambio, pretendió ser el «taller de todo el mundo», el proveedor de artículos manufacturados para todos los países, los cuales debían suministrarle, a cambio de ello, materias primas. Pero este monopolio de Inglaterra se vio quebrantado ya en el último cuarto del siglo XIX, pues algunos otros países, defendiéndose por medio de aranceles «proteccionistas», se habían transformado hasta convertirse en Estados capitalistas independientes. En el umbral del siglo XX asistimos a la formación de monopolios de otro género: primero, uniones monopolistas de capitalistas en todos los países de capitalismo desarrollado; segundo, situación monopolista de unos pocos países ricos, en los cuales la acumulación de capital había alcanzado proporciones gigantescas. Se produjo un enorme «excedente de capital» en los países avanzados. Mientras el capitalismo sea capitalismo, el excedente de capital no se consagra a la elevación del nivel de vida de las masas del país, ya que esto significaría la disminución de las ganancias de los capitalistas, sino al acrecentamiento de estos beneficios mediante la exportación de capitales al extranjero, a los países atrasados. En estos países atrasados el beneficio es de ordinario elevado, pues los capitales son escasos, el precio de la tierra relativamente poco considerable, los salarios bajos y las materias primas baratas. La posibilidad de exportación de capitales la determina el hecho de que una serie de países atrasados han sido ya incorporados a la circulación del capitalismo mundial, han sido construidas las principales líneas ferroviarias o se ha iniciado su construcción, se han asegurado las condiciones elementales de desarrollo de la industria, etc. La necesidad de la exportación de capitales obedece al hecho de que en algunos países el capitalismo ha «madurado excesivamente» y al capital –atendiendo al desarrollo insuficiente de la agricultura y la miseria de las masas– le falta campo para su colocación «lucrativa». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo, fase superior del capitalismo, 1916)

Tendencia que precisamente se ha hecho notar enormemente a partir de 1945 tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, confirmando las previsiones de Lenin:

«Las formas jurídicas y políticas bajo las que ese sojuzgamiento se lleva a cabo han sido, en algunos aspectos, modificadas a raíz del fin de la II Guerra Mundial, en 1945, con la llamada descolonización, que no ha sido más que una nueva forma de proceder a un nuevo reparto, entre los Estados Unidos, Inglaterra, Francia y posteriormente Alemania, etc., de las antiguas colonias para establecer nuevas bases políticas y jurídicas con el fin de mantener un sistema de expoliación y explotación neocolonialista, especialmente en los países y territorios de África, Oriente Medio y Asia. Así por ejemplo, una de las tesis de Lenin, que conserva una actualidad sorprendente, es la relativa a la importancia para el sistema capitalista en su fase imperialista de la exportación de capitales y la expoliación de los países más pobres y semicoloniales, que se lleva a cabo a través de los llamados préstamos e inversiones con tasas de interés y condiciones leoninas para los «beneficiarios» y que la exportación de capitales y no la exportación de mercancías, según Lenin, había adquirido una importancia preponderante, que daba un auge extraordinario a la expansión económica exterior de los países capitalistas. Esas inversiones de capital imperialista, a las que Lenin hacía referencia, no han cesado de aumentar desde entonces a ritmos vertiginosos. Así por ejemplo, los Estados Unidos que después de la II Guerra Mundial se convirtió en la potencia imperialista dominante, pronto llegó a ser el mayor inversor de capitales en el exterior, sobrepasando las de todos los países imperialistas tomadas en su conjunto». (Elena Ódena; El imperialismo y nuestra lucha actual, 23 de septiembre de 1982)

martes, 21 de agosto de 2018

Confusión entre exportación de mercancías y exportación de capital; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«La exportación de capitales, es una forma que toma las mercancías, el dinero es una mercancía, la exportación de capital en forma de Inversión Extranjera Directa (IED), es simplemente una inversión en materia prima, maquinaria, y fuerza de trabajo para reproducir capital allende la casa matriz, es una relación mercantil, es un intercambio mercantil». (Manuel Sutherland; Comentarios, 3 de marzo de 2015)

Esto es una equivocación brutal viniendo de un presunto economista de «nivel». Como dijo el marxista-leninista francés Vincent Gouyyse, esto ocurre debido a:

«La idealización de la etapa del capitalismo premonopolista, donde reinaba sin contestación la producción mercantil y donde el rol de los préstamos internacionales era marginal.

Se ignora la diferencia fundamental entre la exportación de mercancías y la exportación de capital es que en el caso de la exportación de mercancías, el plusvalor del capital ya está contenido en la mercancía que ya ha sido incorporada por los obreros del país exportador, mientras que en la exportación de capital, la plusvalía es creada por los obreros del país donde se exporta el capital, que este capital se exporta bajo la forma de un préstamo que sirva para retirar indirectamente un interés –la burguesía indígena lo invertirá dicho préstamo en lo que quiera– o abasteciéndose directamente de medios de producción aportados por el inversor extranjero y creando un plusvalor en tierra indígena: aquí la burguesía indígena sólo servirá de intermediario entre los trabajadores indígenas y el inversor extranjero que será el único responsable de la utilización del capital». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

He aquí explicado porque los economistas pequeño burgueses como Shuterland –que oscilan entre querer ser marxistas pero nadan en las aguas de los autores burgueses– no entienden bien la economía capitalista y sus desarrollos en la etapa imperialista. 

¿Qué más hay que anotar? El rol de la división internacional del trabajo en la exportación de mercancías y capital. Algo que suelen olvidar muchos de los ideólogos del antiimperialismo:

«Sin embargo, hasta en el caso de la producción mercantil «pura», la explotación no está suprimida de ninguna manera. La división del trabajo está en su origen.

Bajo el imperialismo, la exportación de mercancías sirve para que los países imperialistas aseguren su dominación comercial en ciertos segmentos del mercado mundial, es decir, siempre que sea posible la exportación de mercancías de alta tecnología que contienen mayor trabajo acumulado, que es intercambiado por un gran volumen de mercancías indígenas. La exportación de capital, ella, sirve por el contrario para estimular la producción de materias primas necesarias para las metrópolis imperialistas y los bienes de consumo corrientes a menor costo destinados a la exportación hacía las metrópolis imperialistas para mejorar la condición material del proletariado de las metrópolis.

Lo esencial para los países imperialistas es asegurar que los beneficios que se derivan de la exportación de mercancías y de capitales hacia los países dependientes les ayuden a mantener la dependencia económica y política de la burguesía nacional indígena, permitiendo así al imperialismo dictarle órdenes. La exportación de capital significa pues la subordinación de los países dependientes y su sometiendo al sistema imperialista mundial. Lo esencial para el imperialismo es, pues, que la burguesía nacional de los países dependientes satisfaga estas transacciones, que siga siendo una burguesía indígena de tipo compradora que no busque desarrollar los producciones no deseadas por sus ordenantes imperialistas, y en primer lugar producciones que podrían romper estos mecanismos de dependencia, como una industria de producción de medios de producción potente y diversificada que originase un nuevo competidor imperialista y agravara la lucha por los mercados comerciales y financieros». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Pero expliquemos esto de forma más profunda.

Veamos: el dinero es una relación de «valor de cambio». Ahora, convengamos que la exportación de capitales se da a causa de la acumulación de capitales en manos de las «oligarquías financieras» –capital industrial y capital bancario– que redunda en el «relativo capital sobrante» que resulta característico del capitalismo monopólico de la etapa imperialista, y que se exporta en lo fundamental debido a que dentro del país de origen se reduce el margen de inversión y ganancia a causa del incremento de los costos de producción. Es decir, en los países capitalistas desarrollados que cuentan con una oligarquía financiera constituida que luego de eliminar, o casi eliminar a la competencia del interior, y de haber monopolizado los diversos sectores productivos, calcula que seguir invirtiendo en el panorama nacional no puede asegurar ya las ganancias deseadas, en consecuencia tampoco asegura el crecimiento económico fundamentado en el máximo beneficio por lo que entonces decide buscar nuevas oportunidades en el exterior; este es el mecanismo básico por el que los monopolios nacionales se extienden al resto de países para mantener el «máximo beneficio» convirtiéndose en consorcios de explotación multinacionales, porque sencillamente en estos terceros países el margen de ganancia es superior al doméstico debido a los costes, las leyes laborales, la mano de obra entre otros factores.

Entonces lo que se exporta es el sobrante del «capital financiero» y este se expresará en el país de destino en forma de mercancías. Vale decir que la reproducción de ese «capital financiero» no tiene por finalidad reproducir mercancías puesto que su objetivo último es la reproducción del «capital financiero» aunque se valga de la producción mercantil que resulta de la explotación del trabajo y de la fuerza de trabajo como ya expresó Marx en su obra cumbre, pues es el trabajo el único que produce riqueza; y es por lo mismo, que en la etapa imperialista la exportación de capitales va «mutando paulatinamente de la inversión directa a los préstamos» lo que supone la misma explotación para las masas trabajadoras pero teniendo como intermediarios del imperialismo a la burguesía indígena en este caso concreto. Vale decir que la exportación de capital existía en la época capitalista premonopolista pero tenía un papel por completo secundario. No entender cómo nace la necesidad de la exportación de capital es no entender nada del desarrollo histórico económico, y es no entender la propia realidad de nuestros días que tan comúnmente muestra la realidad de este proceso.

Mientras un país dependiente de los imperialismos, neocolonial, por los designios del mercado donde actúa la ley del valor es posible que tenga un excedente de mercancías producidas: seguramente casi en exclusiva en la agricultura, pero cuando lanza al mercado internacional esas mercancías las vende a un precio irrisorio mientras se ve obligada a comprar otras de mayor valor como es el caso de la mercancía industrial que no posee y les son tan necesarias. Por otro lado un país imperialista puede tener un excedente en la producción de mercancías en varias ramas debido a su elevado desarrollo de las fuerzas productivas y su diversificación, cuando lanza sus mercancías –industriales– al mercado se venden a un alto precio por su demanda, gracias a ello puede conseguir un alto beneficio y se asegura la dependencia económica permanente de los países no industrializados que siempre demandaran esa mercancía o su mantenimiento; a su vez, el país imperialista en su propia demanda de materias primas para su industria se satisface de comprar materias primas a precios baratos en el mercado mundial debido a la gran oferta de las mismas por parte de los países no industrializados. 

Mientras en un país dependiente la burguesía en general no suele tener un gran excedente de capital, es algo casi inusual o más bien exclusivo de la burguesía compradora, y de serlo no tiene muchas libertad en donde invertirlo –necesita aprisa ampliar o modernizar sus fuerzas productivas para ponerse a la par de las empresas extranjeras que le hacen la competencia en el país o debe invertirlo en pagar la deuda, etc.– siendo muy rara la capacidad de exportar capitales. Por otro lado en el país imperialista el excedente de capital es mucho más común por su músculo industrial, por su amplio desarrollo de las fuerzas productivas, y suele tener un número de capital «sobrante» tan alto como para sobornar a la «aristocracia obrera», reforzar la militarización de la economía que la burguesía imperialista estima necesaria para intimidar a los países bajo su influencia o enfrentarse a sus competidores, pero sobre todo por su jugosa rentabilidad, así mismo decide colocar ese abultado excedente para exportar dicho capital a países terceros, bien en forma de préstamos, créditos, formando nuevas empresas que operan en dichos países, empresas mixtas concertadas entre los monopolios y la burguesía indígena, etc., y es que esto no podía ser de otra forma, pues como hemos dicho los monopolios son la creación de la oligarquía financiera, es decir del capital bancario que ha sometido al capital industrial y que busca la dominación no solo nacional sino internacional. 

Es más: a veces la exportación de capital del país imperialista va íntimamente ligado a la exportación de mercancías por el país que la recibe, así en multitud de ocasiones, el país deudor, cuando no puede pagar la deuda, paga en materias primas al país imperialista, que como todo el mundo sabe, consume muchas más materias primas que cualquier país dedicado a producir materias primas, porque simplemente consume muchas más. La exportación de capital es un puente mucho más seguro que la exportación de mercancías para que los países imperialistas penetren a través de la economía en la política de los países dependientes. Claro que existen excepciones en los países imperialistas en cuanto a la predominancia de la exportación de capital sobre la exportación de mercancías, esto se ve sobre todo en los países imperialistas emergentes, donde generalmente tienen niveles parejos de exportación e importación de capitales, pero suele ser un fenómeno temporal hasta que su burguesía tiene suficiente potencial para que su país supere la exportación a la importación de capital; otras veces algunos países imperialistas por su mano de obra más barata, por la buena disposición de verter sus productos en los mercados –cosa que sus competidores no pueden igualar sin crear conflictos sociales agudos– tienen un gran nivel de exportación de mercancías que incluso supera los niveles de exportación de capitales, pero eso es muy raro de ver, como es aún más raro de ver por no decir imposible, un país dependiente con más niveles de exportación de capital que de mercancías. La realidad es tozuda.

Podríamos considerar que el capital financiero es la usura llevada a instancias internacionales que cumple un doble propósito: mantener el «máximo beneficio» y a su vez la dependencia económico-política de los países neocolonizados. La usura no aparece en escena sino hasta la aparición de la propiedad, he ahí las constantes luchas de los griegos contra la usura en la etapa esclavista en los momentos de la aparición y consolidación del Estado. Tras las diferentes etapas en la humanidad y los diferentes modelos económicos de explotación, el capitalismo y su etapa imperialista hacen de la usura un modo de vida.

Si uno no comprende esto, ocurrirá que como le ocurre a Sutherland, se alberguen distorsiones sobre las exportaciones de mercancías y de capital, y se desprecie el peligro de la exportación de capitales a terceros países, Sutherland por tanto, pese a que se le llene la boca, no puede ser un consecuente antiimperialista; al revés, con sus teorizaciones juega a favor de los imperialismos, desarma a los pueblos de sus herramientas para analizar y comprender debidamente los acontecimientos internacionales y las relaciones económicas entre los países dependientes e imperialistas, los condena a teorías políticas y económicas igual de ilusorias para los países neocolonizados como pueden ser las teorías del «no alineamiento» o de la búsqueda de un «nuevo orden económico», teorías que niegan el imperialismo según la concepción leninista y lleva a los pueblos a un engaño que perpetua su estatus de oprimidos doblemente: por la burguesía nacional y por la burguesía extranjera. Eso nos lleva al siguiente punto». (Equipo de Bitácora (M-L); Las perlas antileninistas del economista burgués Manuel Shuterland; Una exposición de la vigencia de las tesis leninista sobre el imperialismo, 2018)

viernes, 17 de agosto de 2018

Falseamiento del leninismo: al afirmar que su concepto de imperialismo pone por delante lo político-militar a lo económico; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«En mi criterio, siendo bastante polémico, [Lenin] se aleja de todo el trabajo marxiano en el Capital e inventa una ideología que pone lo político militar por arriba de lo económico». (Manuel Sutherland; Comentarios, 3 de marzo de 2015)

Ya vimos que la caracterización que Lenin da al imperialismo como etapa superior del capitalismo está sedimentada en fenómenos económico-políticos, y claro que hay un componente militarista por parte del imperialismo pero este debe de ser entendido como una consecuencia precisamente de la fenomenología ligada al desarrollo capitalista.  Dicho de otro modo, en el imperialismo encontramos una preponderancia de lo económico-político sobre lo militar. Pero vayamos más atrás, a los «imperialismos precapitalistas», para desmontar esta noción por completo: en la historia de la humanidad se han reconocido dos sociedades en las que la cuestión militar hacía parte del núcleo de su cohesión social, en la que cada ciudadano era comprendido como un soldado y de hecho toda la vida social convergía en ello, una de esta era la «Polis de Esparta» –ciudad Estado–, la otra fue «Hatti» –Imperio Hitita–. En ambos casos, siempre que se fue a la guerra, siempre que se hizo uso de la maquinaria militar, fue por motivaciones económico-políticas específicas y reconocibles –no las abordaremos por no ser objeto de este documento–, a causa de estas motivaciones es que vemos a los espartanos combatiendo contra los persas primero y contra los ateniense después, y a los hititas combatiendo contra los egipcios. Esto demuestra, como ya decíamos, que aún en estas etapas históricas lo militar estaba subordinado a lo económico-político, y nunca ha sido distinto. Lenin demostró por ejemplo que la política colonial del capitalismo en su etapa premonopólica era sensiblemente diferente a la política de su etapa imperialista, señalaba que igualarlos sin más era negar las transformaciones socio-económicas, del mismo modo se mofaba de los que asimilaban el imperialismo británico con el imperio romano porque era lo mismo que no entender nada de historia ni de economía, pues dos sistemas económicos diferentes no podían tener la misma expresión económica, política ni cultural:

«La política colonial y el imperialismo ya existían antes de la fase contemporánea del capitalismo e incluso antes del capitalismo. Roma, basada en la esclavitud, mantuvo una política colonial y practicó el imperialismo. Pero los análisis «generales» sobre el imperialismo que olvidan o ponen en segundo plano la diferencia esencial entre las formaciones socioeconómicas se convierten inevitablemente en trivialidades huecas o en fanfarronerías, como la de comparar «la gran Roma con la Gran Bretaña». Incluso la política colonial capitalista de las fases previas del capitalismo es esencialmente diferente de la política colonial del capital financiero». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo, fase superior del capitalismo, 1916)

Pero Sutherland va más allá, e igual que los eurocomunistas, mediante una mentira flagrante contrapone a Marx con Lenin para luego concluir que este último valiéndose de posiciones idealistas antepone el carácter militar al económico. Claro es que esto solo lo puede decir un ignorante de campeonato o un gran falseador consciente. Rebajar la teoría del leninismo a la mera cuestión militar es un ataque muy pobre, porque cualquiera que se moleste en leer las obras de Lenin verá que eso es una mentira evidente. Ya vimos anteriormente como Lenin define al imperialismo bajo cinco rasgos fundamentales: la concentración de capital, la fusión del capital industrial y bancario dando lugar al capital financiero, el desempeño fundamental de los monopolios en la economía, la exportación de capital siendo primacía a la exportación de mercancías, la formación de multinacionales, el reparto territorial del mundo entre las potencias. ¡¿No es esta una definición que da primacía al aspecto económico sobre el militar?!