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| Manifestantes anti-sha corren en la plaza Esfand después de que el ejército abrió fuego en Teherán - 27 de diciembre de 1978 |
b) El imperialismo y el capitalismo dependiente.
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| Manifestantes anti-sha corren en la plaza Esfand después de que el ejército abrió fuego en Teherán - 27 de diciembre de 1978 |
«La Hispanidad es el conjunto de los pueblos descubiertos, civilizados y evangelizados por España, que tienen un mismo modo de ser. (…) Lo cierto que nunca fue España tan grande como cuando se entregó totalmente a la obra de ganar para la fe y la civilización cristiana a los indios americanos y a los isleños de Oceanía, y se enfrentaba con los protestantes o los turcos, a fin de librar a la Iglesia y a la Cristiandad de tales enemigos». (Formación del espíritu nacional, 1955)
Advertimos al lector que tome asiento y se prepare para la batería de disparates que los nacionalistas pueden llegar a soltar para escurrir el bulto sobre sus referentes y figuras de culto.
Para empezar, ¿qué considera el «buenismo», en boca de Armesilla, un «imperio positivo», un «imperio generador»?
«En el caso de los Imperios Depredadores de la última fase del capitalismo del siglo XIX, entre 1884 y 1900, nos referimos a los Imperios Británico, Alemán, Holandés y el Imperio Colonial Francés –no confundir con el Primer Imperio Francés o Napoleónico, cuyos caracteres eran los propios de un Imperio Generador, pero ya nos referiremos a esto más tarde–, el excedente de capital no se dedicó en ningún momento a elevar el nivel de vida de los habitantes de las colonias ya que eso hubiera mermado considerablemente las ganancias de los capitalistas británicos, alemanes, holandeses y franceses, sino que se dedicó a acrecentar esas ganancias a través de la exportación de capitales a los países atrasados, es decir, les volvían a vender a las colonias el excedente de capital que extraían de las mismas». (Santiago Armesilla; Reescritos de la disidencia, 2012)
Y en el caso del Imperio hispánico, Armesilla reclamaba reivindicar tal imperio alegando la:
«La organización de los caminos como rutas comerciales terrestres que convergían en las Plazas de Armas de las ciudades, la promoción del mestizaje sexual, el otorgamiento de tierras comunales a indios y peninsulares, los más de 150.000 licenciados que salieron de las más de veinte Universidades generadas por el Imperio en América, el establecimiento del Real de a Ocho como moneda-mercancía de cambio universal, e incluso las reducciones jesuíticas de corte socialista». (Santiago Armesilla; Rosa Luxemburgo y España. Escrito para la Razón Comunista, 2019)
Atribuir en el caso del Imperio hispánico o de cualquier otro en cualquier época unas intenciones que no fueran el pillaje, la acumulación de tierras y la fama, es una completa tomadura de pelo, solo posible para un ultranacionalista sin escrúpulos que busca el blanqueamiento del imperio que defiende.
Ver preocupación por los súbditos en la creación de infraestructuras de las colonias es tan estúpido como querer ver conatos de humanismo en el esclavista romano que daba comida al trabajador de su hacienda, cuando es claro que el único fin con que lo realizaba era el de que su propiedad –el trabajador eslavo–, no se muriese de hambre y pudiese retornar al día siguiente a su jornada laboral, una cuestión de puro interés basado en el beneficio económico. Pero bueno, qué esperar de gente como Bueno que niega hasta el concepto de plusvalor de Marx, o de Armesilla, que niega la teoría imperialista de Lenin.
«Las guerras del presente siglo, Carlos, no para precavernos contra las que puedan sobrevenir sino para curarnos de nuestro espíritu de aventuras y de nuestro loco orgullo debemos recordarlas. Salvo las que contra los franceses sostuvimos, ninguna fue merecedora de aplauso. Ninguna tuvo por fin emancipar pueblos ni abrir pasos que nos hubiese cerrado el egoísmo ni la barbarie. Me limito por ahora a las exteriores; de las civiles hablaré más tarde. ¿Tienes tú por nobles y justas ni la de África, ni la de Santo Domingo, ni la de Méjico, ni la del Pacífico, ni la de Cochinchina? La de África ya sabes que la provocó O'Donnell con ánimo de distraer la atención de los partidos que aquí le eran adversos. (...) A Santo Domingo tampoco ignoras que fuimos prestándonos a ser instrumento de uno de los partidos en que estaba dividida la República. (...) Pero mucho peor fue la causa de nuestra expedición á Méjico, que, como recordarás, emprendimos juntos con Inglaterra y Francia. Fuimos allí á defender los abusos y los latrocinios de una mal llamada Convención Española á que se había conferido el encargo de deslindar las deudas allí contraídas durante la guerra por la que Méjico sacudió nuestro yugo. ¿Pudo ser más pobre el origen de la guerra del Pacífico? La empezamos por no haber querido castigar el Perú á los agresores de unos compatricios nuestros que residían en Talambo. Ocupamos las Chinchas, no las devolvimos sino mediante una indemnización de tres millones de pesos, reavivamos antiguos odios y de cuestión en cuestión llegamos á que contra nosotros se coligasen el Perú, Chile, el Ecuador y Bolivia. A Cochinchina fuimos finalmente arrastrados por los franceses que so pretexto de vengar la muerte de unos misioneros se proponían agrandar sus dominios de Asia. No te hablo de las guerras de Joló, Balanguingui y Mindanao, porque, como tú mismo indicas, éstas no son más que afianzamientos de mal guardadas islas. (...) Vengamos á las guerras coloniales. La de 1896 no es la primera que ha ocurrido en el Archipiélago Filipino; es sí la que más claramente revela un espíritu hostil en los indígenas. No ha concluido aún: del rescoldo de la lucha sostenida en Cavite y los montes de San Mateo brotan frecuentemente chispas que amenazan reproducir el incendio. ¿De quién sino de nosotros la culpa? Nos hemos empeñado en tener aquellas islas bajo el poder de comunidades religiosas tan escasas en virtudes como abundantes en vicios que todo lo sacrifican á su ambición y su codicia. De la ignorancia del pueblo han vivido esas comunidades y en la ignorancia querrían eternamente conservarlo para que nunca amenguasen ni su autoridad ni sus rentas. (...) Ha nacido de aquí lo que no podía menos de nacer, el espíritu de insurrección, la guerra. Si nuestros políticos hubiesen sido más previsores y más prácticos ¿crees tú que no se la habría evitado? Hicimos allí algunas reformas; pero ninguna que atacase en su raíz el mal, ninguna que tendiese á dar expansión á los ánimos. (...) De la guerra de Cuba somos aún más culpables. Cuba está peleando más de medio siglo por su independencia. Arde en deseos de emanciparse de nosotros y cada vez que sucumbe nos tiene mayor odio. Del año 68 al 78 sostuvo una guerra que no pudimos acabar sino por un convenio. La reanudó el mismo año 78 y dio no poco que hacer á nuestras tropas. La renovó el año 95 con violento empuje y pudo resistir el de 200.000 soldados que contra ella dirigimos deseosos de ahogar la insurrección en su cuna. Sigue batallando á pesar de haber perdido jefes de la importancia de Martí y Maceo. ¿Qué no hemos ensayado para vencerla? Primero la blandura, después el terror y el exterminio. Nada hemos alcanzado. Así las cosas ¿qué aconsejaban la razón y la política? Evidentemente otro convenio. En vez de intentarlo como el año 78 con los insurrectos, sin contar ni con sus jefes militares ni con su gobierno les llevamos hechas importantes concesiones. Las han aceptado con fruición los pacíficos, no los rebeldes, y estamos como estábamos. Debimos ofrecer la autonomía á los que están en armas; si ni con ella estaban dispuestos á dejarlas, otorgarles la independencia. ¿Qué otro remedio quedaba viéndonos impotentes para concluir la guerra? Sostener la guerra indefinidamente ni nos lo permitían las fuerzas del Tesoro ni la salud del Reino ni era posible que lo consintieran las vecinas gentes; sufría el comercio de todas las naciones, principalmente el de los Estados Unidos. Conceder á Cuba la independencia ¿nos había de ser ni parecer indecoroso? Inglaterra la concedió á las mismas colonias que son hoy el núcleo de la república norteamericana; nosotros por no querer otorgarla á tiempo á las colonias que tuvimos de Méjico á Chile las perdimos todas sin compensación de ningún género y hasta con ignominia. (...) Contra la libertad de los pueblos no hay prescripción posible. (...) Cuba levantándose contra nosotros y reclamando su independencia está en su derecho. (...) De la guerra de Cuba hemos sacado la de los Estados Unidos; de la de Filipinas la inquietud y el temor de mayores males; de la de Cochinchina una indemnización pecuniaria mezquina y vergonzosa; de la de Santo Domingo el abandono de la isla, después de haber gastado 98 millones de pesetas; de la de Méjico, en que invertimos 17 millones, absolutamente nada; de la del Pacífico la pérdida del Covadonga y la retirada del Callao con los buques rotos, buques que se hubo de ir á reparar parte en Río Janeiro, parte en el archipiélago de Otahili; de la de África por fin una rectificación de límites, 20 millones de duros y un territorio en Santa Cruz la Pequeña para un establecimiento de pesquería. Todas estas injustas guerras ¿pueden servir, como antes te dije, más que de escarmiento? A guerras de esta índole debemos resueltamente cerrar la puerta. ¡Ojalá lo consigamos!». (Francisco Pi y Margall; Carta a Eusebio, 26 de abril de 1898)
«Es fundamentalmente erróneo, antimarxista y anticientífico, separar «la política exterior» de la política en general, ni qué hablar de oponer la política exterior a la interior. Tanto en política exterior como interior, el imperialismo tiende hacia la violación de la democracia, hacia la reacción. (...) Todas las frases sobre una guerra defensiva o sobre la defensa de la patria que provengan de las grandes potencias –léanse los grandes expoliadores– que combaten por la hegemonía mundial, por los mercados y «esferas de influencia» y por la esclavización de las naciones, ¡son frases mentirosas, absurdas e hipócritas! (...) Para el pequeñoburgués lo importante es dónde están apostados los ejércitos, quién está venciendo en él momento actual, Para un marxista lo importante es qué cuestiones están en juego en esa guerra, en el curso de la cual puede ir venciendo a veces un ejército, a veces el otro. (...) La verdadera esencia de la guerra actual no es nacional, sino imperialista. No se libra para que un bando pueda derrocar la opresión nacional, que el otro bando trata de mantener. Es una guerra entre dos grupos opresores, entre dos bandoleros, para determinar cómo repartir el botín, quién ha de saquear. (...) En síntesis: una guerra entre grandes potencias imperialistas –es decir, potencias que oprimen a toda una serie de pueblos y los tienen sometidos al capital financiero, etc.– o en alianza con las grandes potencias, es una guerra imperialista. Así es la guerra de 1914-1916. Y en esa guerra «la defensa de la patria» es un engaño, un intento de justificar la guerra. (...) Para hacer pasar esta guerra como una guerra nacional, los socialchovinistas invocan la autodeterminación. Hay una sola manera correcta de combatirlos: debemos demostrar que la guerra no se libra para liberar naciones, sino para determinar cuál de los grandes ladrones oprimirá mayor número de naciones. (...) Kautsky fue marxista hasta la guerra de 1914-1916, y muchas de sus principales obras y declaraciones serán siempre un modelo de marxismo. El 26 de agosto de 1910 escribió en Neue Zeit a propósito de la guerra inminente: «En una guerra entre Alemania e Inglaterra la cuestión no es la democracia, sino el dominio mundial, es decir, la explotación del mundo. No es esta una cuestión en la que los socialdemócratas puedan alinearse con los explotadores de su propia nación». He ahí una excelente formulación marxista, que coincide en todo con la nuestra, que desenmascara completamente al Kautsky de hoy, que del marxismo se pasó a la defensa del socialchovinismo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Una caricatura del marxismo y el economicismo imperialista, 1916)
«El recorrido político que ha tenido la Bolivia de Evo Morales [*] ya ha sido comentado varias veces...
Hoy amanecimos con una noticia de novedades políticas en La Paz. ¿Y qué podemos concluir? Que lo de estos «socialistas del siglo XXI» sobrepasa de lo ridículo. Nos han vendido la idea de que ellos son la prueba del «tránsito pacífico al socialismo», que ellos son «pueblo» y que el «pueblo les defenderá ante cualquier eventualidad» que sufra la «revolución». Pero ahora los seguidores de Evo Morales claman en Bolivia, que existe un «golpe de Estado» contra él, que su poder es legítimo y el de sus opositores no. Si su relato es cierto, pregunto, ¿por qué decide dimitir y entregar el poder sin más? Se imaginan en la España de 1936, que los republicanos, socialistas, comunistas y anarquistas, y que ante el golpe de Estado de los militares reaccionarios, «demócrata-cristianos», monárquicos y fascistas, dijesen: «Señores, han dado un golpe contra la República inadmisible, pero... nos retiramos, el poder es suyo»...
¡Algo no cuadra...!». (Equipo de Bitácora (M-L); Una nota rápida sobre la dimisión de Evo Morales..., 2020)
Anotaciones de Bitácora (M-L):